Hay tal desconocimiento sobre la historia
de esta hermandad que incluso se ha llegado a decir que
no existía antes de 1936, o lo que es lo mismo, que
es de nueva creación con posterioridad a la Guerra
Civil.
No es cierto. Sabemos de ella que era una más de
las que participaban en nuestros famosos desfiles de principio
del siglo XX. En este momento la referencia escrita más
antigua nos la sitúan al menos en 1924 y se la conoce
como Señor de la Columna o de los Azotes.
En 1925 parece que el orden en las procesiones no es el
que conocemos hoy sino que desde unos treinta años
antes de esa fecha ya desfilaba con algunos errores en la
colocación lógica de los Pasos. Así,
sobre esto se dice de la Semana Santa de ese año
que “en las procesiones no debe figurar Jesús
vivo después de haber pasado muerto, ni presentar
el Ecce Homo al pueblo antes de los Azotes”.
La presencia del trono que nos ocupa la podemos comprobar
gracias a documentos gráficos propios de los primeros
años del siglo XX.
Trono e imagen son destruidos en el verano de 1936, durante
la GC española, y como anécdota, cuando se
deslía el hato que contiene la cabeza del Ecce Homo
algunos piensan que es la del Señor de los Azotes.
Otro argumento más que refuerza su existencia.
Unos años después, en la década de
los 50, corre por la mente de los fruteros de la época
la idea de reavivar la Hermandad del Cristo de la Columna.
A tal efecto fue convocada, un domingo por la tarde, una
reunión en el Ayuntamiento de Tobarra, presidida
por el Señor Alcalde D. Antonio Martínez García
a la que son invitados varios fruteros: David Aroca Gómez,
Sebastián Córcoles Claramonte, Antonio Roldan
“Perete”, Antonio Molina Sánchez y Juan
“Novias”.
En esta reunión se consolida la idea de refundar
la hermandad, y es David Aroca quien más ilusión
y empeño pone en el proyecto, encargando la nueva
imagen al escultor valenciano José Díes López.
Moniquí y cofrades en el Calvario
La imagen es una talla de cuerpo entero, con un tamaño
natural de un metro y setenta centímetros de altura,
en madera policromada sobre una peana procesional, con columna
baja en la parte derecha, que culmina la parte superior
de la cabeza con potencias. Consigue una obra de una gran
calidad tanto técnica como estética, donde
podemos destacar la gran voluminosidad de los pliegues de
la sábana o sudario, que cubre parte del cuerpo del
Cristo, así como el marcado perfecto de los músculos
y manos, trabajado minuciosamente. La actividad sumisa del
cuerpo y la expresividad del rostro, dan una perfecta sensación
de sufrimiento. Otras características propias del
autor son la nariz recta y bien proporcionada, cejas separadas,
boca entreabierta y pómulos generalmente marcados.
La preparación de la madera, la policromía
y todo lo concerniente a la decoración de la Imagen
fue realizada por Salvador Gil.
El precio de la obra ascendió a diez mil pesetas,
pagadas en varios plazos. Inicialmente se intentó
hacer frente a esos pagos, gracias a las aportaciones económicas
de los fruteros colaboradores, a razón de la cantidad
de fruta que cada uno trabajaba, pero esto no da el resultado
apetecido y David Aroca tiene que hacerse cargo de la compra
de la imagen y el dinero recaudado en la derrama se aprovecha
para pagar la tela de las túnicas y otros gastos.
Esta relación del gremio de fruteros con la hermandad
da origen a que de una forma intuitiva brote en el pensamiento
de las gentes del pueblo el sobrenombre de “El Moniquí”
con el que tradicionalmente se conoce. La imagen del Cristo
de la Columna llega a Tobarra en la primavera de 1954. En
el almacén de David Aroca, bendice la imagen el sacerdote
D. Ramón Más Casanellas
Cristo de la Columna
A partir de ese momento la hermandad desfila con tronos
prestados, en ocasiones un trono propiedad del Ecce Homo,
con cuatro palos ocupados por dos personas cada uno, y en
otros casos con trono prestado por otra entidad religiosa
del pueblo, distribuido en dos palos largos laterales, ocupados
por dos personas cada uno y dos palos cortos centrales con
una persona por tramo. El trono propio se construiría
unos años más tarde
Se confeccionan túnicas y capuces de color morado,
con adornos de botones y fajín en color blanco, cosidas
por Antolina Bleda Escribano. El estandarte fue tomando
forma en las veladas nocturnas en casa de los “Demetrios”,
con un dibujo de Alejandro Moreno Ramón, con el logotipo
central de la columna y los flagelos en forma de cruz, bordado
por Teresa García “la venezolana”. Se
realizan también algunos cetros en madera pintada
en color marrón, cuya parte superior culmina en forma
de copa. El arreglo floral del trono incorpora las ramas
de albaricoque en los brazos de luces. Tradición
que se ha perpetuado con el paso de los años hasta
nuestros días.
El número de los hermanos de la refundada hermandad
del Cristo de la Columna se cifra en torno a los 80, siendo
la más numerosa del momento.