Santa Cruz "La Cruz de la Toalla"
Evolución Histórica

El origen de la Cofradía de la Santa Cruz, nuestra “Cruz de la Toalla”, habría que buscarlo en la clásica “Cruz Procesional” que, de siempre, ha abierto filas en cualquier manifestación religiosa.

No sería descabellado situar en el período Barroco, la transformación de la “Cruz Procesional” en una Cruz sobre andas a trono, dado que en esta época nacen, o por lo menos toman gran auge, las manifestaciones procesionales. Por otra parte, el gusto del Barroco por lo suntuoso y lo recargado, viene a apoyar esta teoría, pues resulta bastante lógico pensar que, a fuerza de adornar estas cruces y hacerlas más ricas y vistosas, fuese cada vez más incómodo su transporte por una sola persona y recomendable, en vista de esa incomodidad, instalarla sobre un trono. Esto llevaría aparejado el disponer de portadores y de relevo para los mismos, con lo que ya tenemos formado el embrión de esta Cofradía.

A pesar de ello, no tenemos documentación anterior al Siglo XX, pero la tradición oral nos remite a épocas anteriores, y está confirmada su participación en los desfiles desde la segunda mitad del Siglo XIX, y posterior momento de esplendor de nuestra Semana Santa, ya en el Siglo XX.

Contamos con el testimonio de Pedro Bleda Valera, quien en 1917, apenas con cinco años de edad, ya venía desde la Vega (Sierra) con su abuelo D. Joaquín Valera Monge, “Chapetas”, que era el presidente de la Santa Cruz ó, como ya se le conocía popularmente, la Cruz de la “Toalla”, a desfilar en la tarde de Miércoles Santo; nieto y abuelo llegaban el Martes Santo para iniciar los preparativos.

“Chapetas” vivía en la casa nº 1 de Sierra (la casa de Dª Manuela) y según su nieto con anterioridad a esta fecha ya se venía encargando de la hermandad. El trono, muy sencillo, sólo llevaba la Cruz, algo tosca y casi cuadrada, sujetada a él con cuñas. Cuatro pomos para flores y alumbrado de velas; velas que eran costeadas por los hermanos a razón de 2 Ptas. cada uno, pero el que no podía pagar – que serían los más- se las pagaba el propio presidente a cambio de alguna peonada, aunque, eso sí, “Chapetas” después los invitaba a comer a su casa.

La “Toalla” era confeccionada (suponemos que no todos los años) con tela sencilla por una monja que vivía en las calles altas, cerca de la casa del “hojalatero”. Las túnicas eran las verdes con cordón blanco y capuz que después permanecerán.

Desfilaban pocos cofrades, a veces los justos para agarrar en los seis palos. Pedro Bleda, el nieto del presidente portaba el estandarte. Hasta 1928 ó 1930 fue Joaquín presidente de la Cruz.

En documentos de 1924 se le cita como Cruz de la “Toalla” (sic.). ¿Cuál fue su final?, ¿el hacha o el fuego de 1936?

Después de la guerra, funda la nueva hermandad D. Casimiro Onrubia Vergara, en fecha aproximada de 1942-43, continuando al frente de la misma cinco o seis años más. Se le ponen los espejos a la Cruz, y en una fecha posterior, ya en los cincuenta, D. Feliciano Bleda, “El Sastre” se encargaría de la hermandad, uno más de los que lo harían en esos años en los que la Cruz no tenía una hermandad consolidada y estaba un tanto a expensas de que alguien decidiera sacarla. ¿Es esta una reminiscencia de la costumbre que parece imperar en los años veinte?: El Domingo de Ramos tienen todos una reunión donde se ultiman toda clase de detalles relativos a las procesiones, acordándose el orden de las mismas y pujando los respectivos Pasos quienes demuestran más interés en llevarlos.

Y así, llegamos a 1957, con un nuevo presidente: ante el estado preocupante en que se encontraba la Cruz, mi padre, Antonio Paterna Martinez, “Cavalcanti”, asumió voluntariamente la responsabilidad de sacarla adelante.(Fco. Paterna Alfaro, Rev. S.S. 1991).

En esta etapa, el Cuartel Viejo sirvió de sede a la hermandad y los obreros de las carreteras y pozos, los cofrades que engrosarían sus filas y palos del sencillo trono de ocho agarráores.

El anda es la misma que utilizaba San Francisco en la Bajada del Cristo. Los cetros, de madera pintada de verde y una sencilla cruz de forja recubierta de purpurina plateada.

Años después, ya en los sesenta, Antonio Martínez Catalán, “Flautas” y Vitaliano Martínez ayudarían a Paterna en la organización de los desfiles, quedando finalmente ellos dos solos al frente de la hermandad. A finales de los sesenta un grupo de jóvenes, en su mayoría estudiantes de la Academia local Santo Tomás de Aquino, se encarga de las procesiones ya que no hay cofradía constituida, sólo perduran unos pocos antiguos hermanos. Algunos de estos jóvenes son los hijos de los anteriores presidentes, entre ellos, Mariano Martínez Selva y Francisco Paterna Alfaro, hijo mayor de “Cavalcanti” y finalmente, en 1969 y 1970, el hijo menor Guillermo- continuando la tradición familiar- con ayuda de varios amigos, sacó adelante la hermandad en esos dos años difíciles. Contaban con una ayuda municipal de 2.000 Ptas. (Sólo el alquiler de las baterias costó 500 Ptas).

Pagaron la novatada y en una de las procesiones salió la Cruz sin su característica “Toalla”. Colaboró en la organización de estos dos años Diego Cuenca García.

 
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