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Resumen histórico: Hasta el momento, no tenemos constancia
de documentación escrita alguna que nos remonte más
allá del siglo XX pero por tradición oral sabemos
que a esta hermandad se le supone una antigüedad de aproximadamente
trescientos años. Son distintos los nombres con los
que se identifica a sus componentes: Centuriones, Romanos,
Sociedad de Armados, pero sobre todo Socios, precisamente
porque su origen pudo estar más en una sociedad que
en una hermandad.
El nombre más remoto del que se habla, como presidente
de los Socios es el de D. Pascual Tejada, un militar retirado
que no era de Tobarra. Al parecer, el Cuartel de la Guardia
Civil, estando él en activo, se encontraba en la Placeta
del Coronel ( ¿éste Coronel y Tejada eran la
misma persona? ), y en esos momentos se llegaron a reunir
unas sesenta parejas de Socios. Por diversos testimonios queda
claro también que esta Sociedad la formaban gentes
pudientes del pueblo, por lo costoso de sus ropajes, ya que
éstas se pasaban de generación en generación
y difícilmente podían ser costeadas por clases
humildes si no era a cambio de jornales en el campo.
Dentro de la Sociedad se distinguían varias secciones,
según el color de las ropas: los pajizos, los moraos,
los encarnaos, todos con un elemento común: barbas
negras rizadas. Las vestimentas del Socio de principios de
siglo ( y seguramente desde mucho antes ) se describe así:
Chaquetilla beige con agremanes amarillos, tonelete de terciopelo
rojo e iguales agremanes, pantalón azul de tela, medias
blancas, botas de material, casco y pica.
Los ensayos de los movimientos empezaban con la Cuaresma
y eran: el Prendimiento, el Cuadro, la Cruz, las Hileras,
el Saludo y las Guardias en los Oficios, que eran turnos de
Socios ante el Monumento ( en el Altar de la iglesia ).Todo
ello queda perfectamente descrito por testimonios que nos
sitúan a partir de 1910. En documentos de 1924 ya se
habla de los Socios y entre los nombres legendarios que pasaron
por la Hermandad figura el de Jesús Bueno “Longino”,
que había venido al acabar la guerra de Cuba y empezó
a salir de Socio montado en una yegua. El apodo le vino del
soldado romano ( Longinos ) que, según la Pasión,
atravesó con su lanza el costado de Cristo.
De los presidentes se recuerda con cariño a Pedro
“el Mocito”, “el Calero”, Federico
“el de los zapatos” y Juan José Inza Salmerón
“Canusías”. Aunque otros Socios también
dejaron profunda huella: “Los Mocitos”, Pepe “el
Santo”, Ruiz, Elías Martínez Tébar,
“Los Mayorajos”, y el inolvidable y más
acérrimo de todos: Perico “el Pregonero”.Y
como ejemplo de pundonor y entrega, Esteban Sánchez,
que desfiló hasta cumplidos los ochenta años
y fue Presidente Honorífico de los Socios, con los
que se había iniciado en 1910.
De las barbas de nuestros Socios y de otras circunstancias,
como el hecho de la inexistencia de cuotas, opina así
el profesor Eleazar Huerta Valcárcel hacia 1912-1915:
“los socios no formaban cofradía ni cotizaban.
El capitán, que era un tipo rumboso, pagaba todos los
gastos y además convidaba a los Socios el lunes de
Pascua. Los socios, como soldados romanos, se apartaban de
la fidelidad histórica en un detalle: usaban barba,
una rizada y larga barba postiza...Tratando de justificar
aquello...otros, simplemente, aseguraban que la costumbre
venía de años, tal vez de siglos, luego no se
debía cambiar...”
El cambio llegaría mucho después.
Desde los primeros cincuenta empezó a salir, con
once años, Rafael Sánchez García, como
cornetín y ocupando varios otros cargos a lo largo
de sus más de cuarenta años de Socio: Abanderado,
encargado, y en funciones de presidente cuando la hermandad
entró en etapas de crisis.
En los años sesenta y setenta, tanto el Ayuntamiento
primero y la Asociación de Cofradías después,
han prestado su ayuda para que los Socios pudieran sobrevivir
y renovarse.
Hacia 1957, y por problemas de falta de personal en la hermandad,
el Ayuntamiento hubo de pagar a los Socios 15 pesetas por
procesión, lo que ocasionó problemas. En 1967
se alquiló indumentaria procedente de vestuarios de
teatro, algo que no se aceptó de buen grado y dejó
de hacerse. |