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extraido de
"El Tambor. Una evolución constante (II)"
Guillermo A. Paterna Alfaro
A pesar de la enorme evolución el
tambor tobarreño medio sigue siendo totalmente artesano
y conserva en cada una de sus piezas el sabor de la tradición
y la singularidad que le distingue de cualquier otro estilo.
Esta es su radiografía: Caja de metal, catorce tornos
cromados y otras tantas torretas, dos aros normalmente forrados,
veintiocho piezas (catorce para cada aro) e igual número
de palometas o cálices, dos parches de cabrito o plástico,
emparchadas en sendos aretes; una o dos llaves de bordones.
Estos pueden ser de tripa o de nylon forrado de hilos metálicos,
varían entre ocho y veinte; un serón o reductora.
Accesorios indispensables: los palillos y el cinto. Opcional
la llave de apretar (accionando las palometas o copas).
En 1982 se instituyó la Tamborada Escolar.
Se crea en 1984 el Museo del Tambor, único en su
género.
Tobarra participa en las Jornadas Nacionales de Exaltación
del Tambor desde 1983, siendo anfitriona de las IV en 1989
y de las XV en 2000.
Desde 1985 las cuadrillas ponen en marcha nuevas iniciativas:
Después de las túnicas, la uniformidad llegará
a los tambores (104 horas, Atarres, Tribujaos....). A las
sedes tamborileras se les conoce con el apelativo de garuto
En 1987 empezó a funcionar la Escuela del Tambor,
enseñanzas que continua la Universidad Popular.
Desde 1989 y por la enorme influencia hijarano-aragonesa,
algunas cuadrillas tocan bombos.
En el emblemático año 1992 los tambores tobarreños
alcanzan gran repercusión gracias al programa de Televisión
Española “Pasa la Vida” de Mª Teresa
Campos. Otra amplia representación tobarreña
toca el tambor en la Exposición Universal de Sevilla,
en cuyo pabellón se haya expuesta “La Biblia”
del “Batanero”. Con anterioridad nuestros tambores
se pasearon por el centro de Lisboa, como antes por Madrid,
Barcelona, Valencia, Alicante, Albacete...
Tornos de un tambor
Hay, en 1992, alrededor de un centenar de cuadrillas censadas.
En 1995 se instala en la Avda. de la Constitución
el Monumento al Tambor, obra de Jesús Damián
Jiménez Ramírez.
En estos más de cien años estudiados la evolución
–revolución- fue total y vertiginosa. Vemos como
de la madera se pasa a la hojalata, de ésta al metal
(latón), de la cuerda al clavo roscado, del espárrago
al torno ancho, de la tuerca forjada a la palometa, de la
purpurina al niquelado, y del cromado al baño de oro,
del bordón de cáñamo y tripa a la reductora
metálica, y, como no, de la piel al plástico.
Aunque lo último en materiales es el aluminio –menor
peso- y la copa o cáliz por las palometas.
Y las grandes obras de arte. Los materiales más innovadores,
los diseños más audaces y atrevidos:
Sale a la luz en 1997 la joya artesanal por excelencia:
“La Pasión” de Antonio “El Batanero”,
un trabajo de siete años, chapado en oro.
En 2000, junto a otros artesanos, realizan tres tambores
idéntico, hechos en duralumnio, muy ligeros. Les llaman
“Los Trillizos”
“El Moso” inventa el cono, tambor con caja tronco-cónica
y una sola piel. “Cachito” utiliza policarbonato
para sus cajas, después la madera también en
la cajas y tornos. “El Casón” utiliza tornos
inyectados, cálices y primeras piezas de alumnio. |